Declaración del director

 
 

Hoy en día la inmigración y la guerra en Irak son dos asuntos importantes que dominan los noticieros.  Para algunos estas nociones pueden parecer abstractas: escuchamos estadísticas sobre una guerra que está tomando lugar a miles de kilómetros de distancia de nuestros hogares; vemos las caras en los noticieros de extraños que resultan muertos o heridos en la acción bélica, pero –al menos que  conozcamos personalmente a alguien que esté involucrado– lo más probable es que no hayamos  tenido que hacer ningún tipo de sacrificio personal respecto a la guerra.  Lo mismo ocurre con el tema de la migración: vemos las imágenes televisivas de la gente escalando bardas o brincando cercas, y algunos de nosotros pensamos falazmente que no son más que criminales, intentando huir hacia suelo estadounidense.  La mayoría de nosotros no conocemos esa gente personalmente.  Ellos provienen de una cultura diferente y hablan un idioma distinto y, por alguna razón, hay personas en Estados Unidos que se sienten amenazadas por ese hecho.  Sin embargo, en realidad, la enorme mayoría de los inmigrantes simplemente está buscando una vida mejor, una manera de dar de comer a sus familias—y ¿quién de entre nosotros no haría lo mismo en su lugar?

Hace tres años, leímos una noticia en un periódico que no logró atraer mucha atención a nivel nacional, pero que nos impactó emocionalmente.  En 2004, un ciudadano mexicano con grado militar (en los marines estadounidenses) de “Lance Corporal” –Juan López Rangel– murió en un tiroteo en las afueras de Falluja, al poniente de Bagdad, Irak.  Su cuerpo fue enviado por avión de regreso a su pueblo natal, San Luís de Paz, para su entierro.  Al funeral, llegó un hombre de la embajada estadounidense, para entregar los papeles de ciudadanía a su viuda.  Aquellos papeles fueron otorgados de manera inmediata después de la muerte de Juan.

 La trágica ironía de esa historia nos llevó a hacer una investigación y, poco después, nos enteramos que, después de los Estados Unidos, Inglaterra e incluso de Irak,  México es el país que ha sufrido más bajas en la guerra en Irak.  No obstante, México jamás ha sido parte de la “coalición de los dispuestos”.  ¿Cómo puede ser posible?  Adicionalmente, numerosos pueblitos y municipios en México se están quedando habitados casi exclusivamente por mujeres y niños, conforme varones mexicanos dejan sus tierras para buscar el “sueño americano”.  Fueron estos urgentes acontecimientos los que  sembraron la semilla de nuestro cortometraje “Una causa noble”.

Hemos mostrado nuestra película a gente que tiene perspectivas encontradas respecto a estos temas.  La única respuesta compartida entre todos es que la película ayuda a ponerle una cara humana a dichos asuntos.  Esperamos que los espectadores puedan sentir empatía con los personajes y, por extensión, sentir compasión por todos los hombres, mujeres y niños, quienes, con mucha frecuencia, están obligados a hacer elecciones desgarradoras solamente para poder sobrevivir.


- Miles Merritt/Gail Kempler